martes, 14 de febrero de 2017

Una y mil historias

Nos encontramos todas las semanas.
Cada viernes a la tarde, ella entra por la puerta de la tienda, haciendo sonar la campanilla que anuncia su llegada con un tintineo único. Alegre como su gran sonrisa y brillante como la ilusión en sus ojos.
Su mirada inquieta recorre cada pared, cada recoveco del local, buscando algo sin saber bien el qué. El dependiente, como siempre, la saluda con su habitual movimiento de cabeza. Indiferente y más entretenido en un crucigrama que en su nueva clienta. Ella lo ignora, como siempre, y comienza su camino hasta el fondo de la tienda. El camino hacia mí.
Nos saludamos en silencio, como cada viernes. Ella con una sonrisa nerviosa, pensando que no debería volver aquí a continuar con ese vicio malsano que nos ata. Yo espero, paciente, con la emoción contenida por el reencuentro. Y así, comenzamos a hablar.
No es una conversación muy normal. Ella sobre todo escucha y yo le cuento, le dejo ver todo lo que escondo en mi interior. Me abro a ella y le muestro mundos con los que solo puede imaginar. Le hablo de princesas que viven aventuras, piratas, galaxias y estrellas lejanas. La emociono con dramas e historias de amor imposible y le hago reír con ganas con granujas deslenguados de tierras lejanas. Y por un momento, siento lo más parecido a lo que es la felicidad.

Pero como cada viernes, debe terminar.
Nuestro mundo perfecto, nuestra burbuja semanal se rompe con el estruendo de una melodía artificial. Su móvil. La realidad la reclama y quiere alejarla de mi. Ella lo apaga suspirando amargamente y me observa con pesar. Sabe que no nos volveremos a ver hasta dentro de una semana, cuando su agenda le permita volver a visitarme. Ambos sabemos que me podría ir con ella, pero aun no es el momento. Mi libertad tiene un precio que aún no se puede permitir.
Con mucho cuidado, me devuelve a mi sitio en la estantería, donde sabe que la estaré esperando la semana que viene. Esperándola y soñando con nuestro próximo encuentro.



No hay comentarios:

¡Tu comentario mantiene el blog vivo!