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jueves, 24 de diciembre de 2015

El arte de caer y levantarse

   ¿Sabéis ese momento en que os paráis a pensar y decís “¿Qué mierda estoy haciendo con mi vida?”?
Ese instante en el que os ponéis a pensar en qué haces, por qué lo haces, para qué lo haces. Ese horrible segundo en el que os dais cuenta de que vuestra vida no tienen rumbo fijo y os sentís los más inútiles del mundo. Si, creo que todos os habéis hecho una idea de lo que quiero decir.

   Tienes un sueño, una meta que quieras alcanzar a toda costa, pero el mundo no deja de tirarte una y otra y otra y otras vez; sin importarle las grietas que crea en tu alma con cada vez que te caes al suelo derrotado. “El universo conspira para que cumplamos nuestros sueños” menuda mierda más grande. Así como os lo digo.
   El universo conspira para ponernos obstáculos y tocanos la moral a base de bien para que desistamos. Creo que algo tan inmenso tiene cosas mejores que hacer que preocuparse por nosotros. Nos observa desde su trono de oro, viendo, riéndose de como damos palos de ciego hacía nuestros objetivos, escojonándose de risa cada vez que nos derrumbamos porque sabe, o espera, que nunca llegaremos a nuestro objetivo. Y por encima, pasa de los que se esfuerzan, de los que han dado todo por su sueño, para darles lo que quieren a aquellos que no han hecho por conseguir lo. Es muy injusto. Y frustrante.

   Pero esto no es un texto depresivo, tampoco motivacional (no soy nadie para hacer algo así) es la verdad.
La suerte, el destino...o la mierda como queráis llamarlo, no existe. Eso solo lo puedes hacer tu. Trabajando toda tu vida sin esperar nada a cambio, porque tal vez, solo tal vez, la oportunidad llegué mientras estabas luchando por tu sueño. Tienes que estar en el momento correcto en tiempo exacto para que eso ocurra. Puede que no suceda nunca ¿pero te vas a rendir por ello?
   Yo, y sinceramente, me habría rendido hace ya tantos años.
Puertas que se cierran en tus narices sin decir lo siento. Comentarios sin el menor ápice de respeto por aquello que haces. Miradas condescendientes cuando tienes el valor de soltar al mundo aquello que más ansias. Es la vida de los soñadores, diréis. No, es la vida de aquellos que no escogieron el camino que se esperaba de ellos. ¿En mi caso? Profesora. Es increíble como la gente no se cansa de repetirlo, a pesar de que saben lo que quiero. ¿A alguno le ha pasado también? No lo digáis; se que es así.
   Creedme que lo dicen por miedo. Miedo a que fracases, que dediques toda tu vida a perseguir fuegos fatuos o que termines tan derrotado que seas incapaz de levantarte de lo quemado que estas. La verdad, esto último es lo que más me asusta a mi.

   Después de caer, de darme contra paredes una y otra vez, de decepciones y frustraciones; la simple idea de no volver a levantarme jamás me aterra. Todos tenemos un límite ¿Donde está el mio? ¿O el tuyo? ¿Cuántas decepciones podemos aguantar antes de decir basta? Eso, mis pequeños cronistas, viene dado por la voluntad de cada uno.

   Recuerdo que leí muchísimas entrevistas de escritores a los que admiro. Hablaban de sus métodos y de como conseguían las ideas. Muchos hablaban de cuando aun no podían vivir de sus libros y tenían que compaginar su pasión con aquello que les daba de comer. Llegar cansado, atender su casa y pasarse las noches en vela construyendo, tejiendo su sueño.
Cada vez que leía algo así, me preguntaba de donde sacaban la voluntad. Cómo era posible que aun tuviera capacidad mental para hilar dos palabras juntas y que les gustara, De dónde sacaban la fuerza para seguir dándose contra la pared. Tenían voluntad.

   Si escribo esto, es más para desahogarme que otra cosa.
Me he quedado sin voluntad, o está escondida muy abajo entre todo este cansancio y miedo. Tal vez me he cansado de darme contra una pared. Tal vez me he cansado de estar sola en este océano que es Internet sin una voz que me escuche. Tal vez haya perdido la confianza en aquello que consigo tejer con palabras.
   Siempre habrá gente que te quiera tirar o echar para atrás. Gente que se ría de aquello que haces (estudié Historia del Arte, se de lo que hablo). Personas que tengan la necesidad imperiosa de pasarte por encima para sentirse mejor y pisotearte con zapatillas de tacos mientras te adelantan. Pero las cosas se hacen paso a paso.
   Caminas, golpeas la pared, te caes, quédate un rato en el suelo si lo necesitas, pero nunca te quedes allí. Levántate, respira y vuelve a intentarlo. Así hasta que mires una luz. ¡Hey! No lo tienes que hacer solo. Siempre se encuentra alguien que te tienda una mano, te abrace y te empuje hacia delante. Porque si. Porque quiere verte feliz o porque piensa que no puedes quedarte en las sombras. ¡Quien sabe! La cuestión, es que tus pies los moverán la voluntad ¿De qué? Eso lo decides tu.
De darle a la gente en las narices, de ver cumplido tu sueño, de romper la pared… las razones son únicas, personales e intransferibles. Son el germen de los sueños, al fin y al cabo. Cada uno tiene el suyo y tiene en su mano la decisión de cuidarlo hasta que crezca o dejarlo morir.

           Yo no quiero que el mio muera. Me volveré a levantar. ¿Qué me dices de ti?

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