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jueves, 30 de julio de 2015

El Ángel Perdido de Javier Sierra.

   Soy consciente de que los libros de los que voy haciendo reseña ya tienen sus años, pero nunca es tarde para revisar los antiguos libros de escritores en auge.

   Hoy vengo a hablaros de Javier Sierra y de su libro El Ángel Perdido, o más bien, el ángel caído. 
  La historia, nos sitúa en una noche lluviosa y típica de Santiago de Compostela. Las obras de restauración del Pórtico de la Gloria siguen en curso y Julia Alvarez, trabaja sin descanso, ajena a que en 24 horas, su vida se verá en peligro por culpa de la estúpida idea de su marido de que los ángeles existen. Absurdo ¿verdad?

   Debo decir, que este es el segundo libro que leo del señor Sierra. El primero, La Dama Azul, trataba un tema similar, sustentado en la angeleología y contextualizado en la época de los colonizadores en América, allá por el siglo XVI-XVII. Reconozco que tuvo sus partes interesantes y a pesar de que el protagonista no me gustó mucho, pues no lo veía del todo creíble, o más bien no simpatizaba con él, terminó por engancharme la historia.

   Ahora, y tras leer el Ángel Perdido, debo preguntar ¿Qué problema tiene este autor con los ángeles?
   Están de moda las novelas sobre teorías conspiratorias, lo se. Soy la primera que lee los libros de Dan Brown, pero ¿Hacer dos libros sobre lo mismo? Además, con esa técnica tan mala a la que recurren muchos autores de su género. Yo le llamo el “meter documentación a presión”. Un suceso muy curioso que ocurre cuando un autor ha encontrado tanto sobre un tema, que quiere volcarlo de lleno en las páginas, sin pensar que puede saturar al lector y al final, lo único que consigue es aburrir.    Cada vez que habla un personaje, solo es para preguntar algo y dejar que su compañero le bombardee con un exceso de información casi imposible de asimilar de golpe, además que lo hace en el momento menos indicado. El contexto es importante, y debo de decir que no lo respeta mucho.

   Creo que nunca me había decepcionado tanto un libro. Y eso que le tenía ganas desde hace años, pero siempre lo dejaba de lado y no me lo compraba, hasta que me decidí. Toda esa ilusión que me produjo el empezarlo, lo mucho que simpaticé con Julia (la protagonista), pues el don que posee lo querría cualquier historiador del arte. Pero, oh decepción.
   A medida que se pasan las páginas, toda mi admiración por Julia se convierte en ira asesina y vergüenza ajena. Ingenua, sosa, aburrida, sin personalidad; son solo algunos adjetivos para describir lo poco que me entra en la cabeza un personaje así, para la trama tan compleja que se desarrolla.
   Una mujer que se deja hacer, que aunque le parece todo de locos se deja llevar, y ante todo, utilizar. Ya sea por su “marido”, un loco que no conoce, o el mismo gobierno de los Estados Unidos. Es como si haya puesto a la protagonista en un sempiterno estado de catatonia. Porque da igual que ella no quiera usar su don, da igual que ella casi odie a su marido por como la utiliza; lo importante siempre es seguir adelante. Todo por un hombre que lo único que persigue es la absurda teoría de que es un descendiente de los ángeles.
   Si bien toda trama en un libro es aceptada si tiene unos fuertes cimientos, por supuesto, me temo que Javier Sierra no los ha conseguido. Que me suelte, diálogo tras diálogo, hablándome de como los ángeles bajaban a la tierra por una escalera invisible en época de Abraham, no me convence de que unos lunáticos de Inglaterra (porque es lo que parecen, lo siento) se crean descendientes de esos seres alados. Saturar de información excesiva al lector, no hará que se crea antes la trama. O al menos, ese es mi caso. Cada cual es libre de opinar lo que sea.

   Ya que estoy con la trama. Esa enrevesada, caótica y confusa trama.
   Como una miscelánea de todas las teorías minoritarias y extrañas que podríamos encontrar en el mundo, El Ángel Perdido no solo trata sobre teorías de la angeleología, si no que, funciona como una gran receta de cocina que ha hecho un estudiante universitario, en pos de improvisar una cena incomible con lo poco que hay en la nevera.
   Tenemos una pizca del control militarista de los Estados Unidos, una poco de misticismo inglés, una cucharada sopera de religión, un chorrito de una tribu perdida donde Dios perdió la zapatilla y la rematamos con un buen vaso sopero de cultura celta gallega. ¿El resultado? Pues eso. Una cena de universitario y un libro intragable y aburrido. Todo lo importante en un libro, lo ha asesinado casi desde el principio.
   Terminarlo fue peor que una odisea en el espacio, pero siempre he pensado que hay que darle una oportunidad a todos los autores, pues pueden sorprender. La mala noticia, es que ya he tenido dos malas experiencias con Javier Sierra y sus queridos ángeles, y no creo que le vaya a dar otra oportunidad. Tal vez con el Maestro del Prado me sorprenda, pero eso lo veremos más adelante.


   Por ahora, intentaré dejar esta mala experiencia para darle una oportunidad más al señor Sierra, aunque tengo mucha fe. Como se suele decir, a la tercera va la vencida. 

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